domingo, 26 de febrero de 2012

Carry That Weight

Situación: ir al cine a ver "Eternal Sunshine of the Spotless Mind". Al terminar la película, dos personas se funden en un beso apasionado. Como si se hubieran dado cuenta que se necesitan toda la vida. Toda una noche jurándose amor eterno. Un año después, ella se levanta del banco donde estaban sentados, sin entender qué salió mal.

Nadie es ajeno a estímulos externos. Nadie puede evitar escuchar una canción, ver una película, sentir un aroma... y recordar. Algo. Un momento, una persona, un lugar, un sueño. Y lo recuerda. Vuelve a repetir en su mente aquello que sucedió, mirándolo en alguna especie de pantalla cerebral, con tristeza o alegría, añoranza o verguenza. Pero ahí volvió. Ahí está de nuevo. A veces uno lo recuerda por pocos segundos, y otras veces pasa días enteros recreando una y otra vez eso... sea lo que sea. Pero lo sorprendente es cuando ese estímulo es totalmente disconexo con la situación.

Situación: ir al cine a ver "Watchmen". Al terminar la película, dos personas se funden en un beso apasionado. Ella siente un cosquilleo en el estómago que hacía tiempo no sentía. Como si todo lo que estuviera pasando fuera completamente nuevo. Se siente esperanzada. Unas horas después, ella se levanta del banco donde estaban sentados, sin entender qué salió mal.


Es muy fácil escuchar una canción de amor y recordar ese noviecito de hace años que alguna vez te regaló una flor. O mirar una película romántica y proyectar esa trama en un recuerdo. Sin embargo, llorar por un ex mirando el video de "Smells like teen spirit" me resulta inexplicable. No entendí en el momento por qué exactamente lloraba, y creo que el día de hoy tampoco termino de entenderlo. Si, lo sé: ese video me hizo acordar a esa persona que ya no estaba conmigo. Pero no deja de resultarme extraño. También me ha pasado que, al volver a ver de nuevo esa película (de acción, podríamos decir), resurge un miedo que ya debería estar sepultado. Ya no puedo separarlos. Disfruto de la película, me gusta mucho... y sin embargo el recuerdo vuelve con un pinchazo de angustia. Se va rápido también, es cierto. Pero ahí están, inevitablemente unidos hasta que ya no exista, o al menos hasta que el cerebro lo haya puesto en un cofre bajo suficientes llaves como para que nunca más sea recordado.

Todo en esta vida está atado a un recuerdo. Triste, alegre, bueno, malo, importante, insignificante, obvio o rebuscado. Pero eso es algo a lo que no le podemos escapar. Sólo nos queda elegir cómo queremos recordar. Por lo pronto, yo seguiré mirando mi película. No porque sea masoquista, sino porque después de ese pinchazo, el siguiente recuerdo viene atado a una sonrisa.



PS: me encanta la banda sonora de "Watchmen".